martes, 27 de octubre de 2020

El día esperado

Todos los días me levantaba con la intención de ver un atardecer distinto al de los demás días. 

El ejercicio era para saber que yo había muerto.

Un día, después de rezar, un día después de contar uno por uno mis pinceles, mientras escuchaba esa canción, después de salir a pasear con mis mascotas; encontré la puerta de mi casa abierta:

Al parecer alguien me esperaba dentro...

Mis perros desaparecieron, las sábanas de mi cama eran negras:

en mi cama, estaba un hombre con mi mujer; mi mujer lucía como una bruja. 

El aire tenía olor a perfume que no lograba distinguir.

Todo cuanto tenía en mi bolsillo era polvo rojo... Es decir, arena.

Así había sido enterrado; pero yo, aún seguía soñando.

No hay distinción ni beneficio en la tarde, en el día o en la noche, ni siquiera en el amanecer.

¿Entonces como podría yo distinguir el día de mi muerte?

Así que, comenze a escribir en un cuaderno todos los días, a todas horas la canción que me gustaba:

Repetirla era la forma para despertar. 

Repetir cada palabra hasta esperar a que un día abriese el cuaderno y las canciones no estuviesen más escritas ahí.

Victor Alcázar 



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