miércoles, 4 de noviembre de 2020

instinto

Habían pasado muchas cosas desde que empezamos a vivir bajo la tierra, ya no éramos humanos o eso es lo que todos creíamos, nos alimentábamos de insectos y hongos que crecían por la humedad, todos parecíamos cadáveres andantes, habíamos perdido la habilidad de hablar, de sentir y solo hacíamos parejas para dormir sin morir por el frío que intentaba ejecutarnos por las noches.
La vida que conocíamos ya no pertenecía a nuestros recuerdos sino que se narraban como leyendas para dar esperanza ante el vacío que vivíamos y sentíamos. El futuro no era incierto, a todos nos esperaba la muerte, la sentíamos pasear cerca de nosotros  haciendo antesala a un cadáver más que podíamos comer, el canibalismo no era algo que nos incomodara, los cadáveres siempre eran una opción para comer algo "mejor", aunque un cadáver famélico no era algo para emocionarse siempre recibíamos todo lo que podíamos comer. La religión, el dinero, el poder, el sexo y todo lo que parecía tener mucha importancia simplemente desapareció, nos manteníamos al borde en todos los sentidos; nada realmente importaba, vivir o morir era relativo, afuera no había nada, hasta el aire que ofrecía este nuevo mundo era inservible.
Pero todo cambió; una noche, tarde o día, no podría afirmar nada, la oscuridad estaba siempre presente ante nuestros ojos; una luz, una luz que parecía emitida por un rayo apareció cerca a nuestra entrada, como animales tuvimos miedo, los instintos nos habían vuelto animales pero la curiosidad que parecía extinta en nosotros se encendió ante aquella luz por lo que empezamos a andar; debo afirmar que hace mucho nadie caminaba, todos estábamos siempre tirados en la tierra arrastrándonos para ahorrar energía; al salir vimos un ser, un cadáver, un dios, no lo sé; todos nos arrodillamos instintivamente, quizás este mundo cambiará.


No hay comentarios:

Publicar un comentario